"En el futuro la seguridad de la energía será importante para los países en cuanto a la defensa",
son palabras pronunciadas a mediados de octubre de 2006 por Tony Blair en Langeled, en la inauguración del más grande gasoducto submarino
hasta la fecha. Horas después la British Energy, una
sociedad propiedad del Estado inglés en un 65%, anunciaba la clausura inminente de reactores nucleares que funcionan desde 1975 y 1976 en Hinkley Point B (Inglaterra sudoccidental) y Hunterston (Escocia) a raíz de desperfectos sufridos
en sus calderas. No son los únicos en dificultades en la región, ya que también se han verificado recientemente pérdidas en los tubos de enfriamiento en Hartlepool (Inglaterra nordoriental)
Estos accidentes relanzan el interrogante sobre la confiabilidad de este tipo de centrales y ponen en duda la intención de seguir proyectando este tipo de generadores contra la posibilidad de encarar otros emprendimientos más eficaces y seguros.